En cuarentena

 “Llegaron los bandidos a pedir armas”, recuerda Jaime Zorroza Landia de aquel fatídico momento que marcó su vida para siempre. La convulsionada semana que sucedió a la muerte de Jorge Eliécer Gaitán, el 9 de abril de 1948, se convirtió en un episodio de protestas violentas, desórdenes y manifestaciones que llegaron hasta el llano del Tolima, en la finca de su tío Simón, donde Jaime vivía. Preocupado por los sucesos, Simón, quien en ese entonces se encontraba de párroco en Melgar, fue a visitarlo. Solo banderas rojas ondeaban en los caminos empedrados que circundaban las tierras del Tolima. Se acercaron hasta el rancho de paja, donde dormían en una pieza: “Mi tío salió a la puerta y allí le dispararon. Los ‘bandoleros’ me ataron las manos, me amarraron y me llevaron a la altiplanicie”. – ¿Por qué me van a matar?, les dijo. – No, lo vamos a soltar –respondieron. Hemos decidido que lo vamos a dejar con vida. – Eran políticos, recuerda. A los curitas no los querían por esa época.

Proyecto Ibaguè 2020




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